Nuevos desafíos inmobiliarios

La sociedad chilena ha cambiado notoriamente en las últimas décadas, tanto demográfica como socialmente. Y uno de los principales cambios demográficos con efecto en el mercado inmobiliario es la reducción en el tamaño de las familias y el tipo de familias.

Algunos ejemplos. Los hogares pasaron de 4,1 personas en 1990 a 3,1 personas en 2015. Asimismo, han aumentado los hogares monoparentales y, muy particularmente, los hogares unipersonales e incluso los homoparentales.

Así, mientras en los años 30 y 50 se construían en Chile grandes casas, pensando en la familia extendida, en los 80 pasamos a los clásicos DFL2 con tres dormitorios de hasta 140 m2, y hoy podemos encontrar productos con ese mismo programa en apenas 70 m2 y cada vez más, productos con menos programa, uno y dos dormitorios, en tamaños que a veces no superan los 30-50 M2.

Asimismo, la edad para contraer matrimonio en Chile pasó de 27,7 años para los hombres y 24,6 para las mujeres a 30,4 años para los hombres y 28,5 años para las mujeres en 2013. A esto se suma que más del 50% de los hogares tiene solo un hijo.

Los cambios sociales también han sido significativos, tanto es así que algunos estudios indican que las variables tradicionales de medición hoy son insuficientes para clasificar a los consumidores.

Este escenario ha hecho mucho más sofisticado el trabajo que debemos desarrollar las inmobiliarias para entender su nuevo público objetivo y ofrecerles productos que satisfagan sus necesidades y cautiven el interés específico del nicho al que se están enfocando con un proyecto. Y, por lo mismo, no es extraño que en el staff de grandes inmobiliarias se hayan incorporado sociólogos, periodistas y además, un área de innovación y estudio permanente. Esto es lo que permite generar productos diferentes, estudiar cualitativamente al mercado objetivo más que solo cuantitativamente, e ir incluso más allá de que que dicen que quieren o necesitan, tener la sensibilidad para descubrir aquello que no saben que requieren o aspiran tener en una vivienda.

De esta manera, si bien la ubicación de un proyecto es lo más relevante, ya no lo es todo para tomar una decisión y definición inmobiliaria. Para dar forma a un producto exitoso, las inmobiliarias deben estudiar el público objetivo, los cambios y comportamientos sociales, culturales y demográficos, así como introducir innovación y diseño. Ya no existen fórmulas seguras y el público busca un producto que satisfaga incluso las necesidades que todavía no sabe que tiene.

Aunque por estos días la economía chilena no está contribuyendo mucho con el desarrollo de los negocios; las inmobiliarias o empresas en general que se adapten y entiendan estas nuevas exigencias de la sociedad y las personas, podrán crecer y desarrollarse en un mercado que cada día es más exigente y dinámico.

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Fuente: Portal Inmobiliario